Kamasutra parte 1


La posición del perrito.

      Para los humanos, la posición del perrito tiene una connotación “animal” tremenda. Es la de los mamíferos cuadrúpedos y, por eso, va cargada de fantasías sexuales primitivas que pueden atraer o repulsar. En ellas, la mujer se tumba boca abajo o bien apoyada sobre las rodillas, al tiempo que el hombre la penetra por detrás. Ambos disfrutan de la penetración intensa y profunda que proporciona la postura.

 

       Los movimientos de cadera ayudarán a exprimir al máximo el orgasmo en la mujer, que no debe olvidar  apoyarse en los codos para conseguir la máxima estimulación del punto G. Si se desea optimizar el placer, la mujer puede aprovechar sus manos para estimularse. Por su parte, el hombre tocará el pecho o el clítoris de ella mientras disfruta con una de sus posturas favoritas, observando la penetración y dando rienda suelta a la fantasía de dominación.

 

       La inexistencia de contacto visual entre la persona penetrada y la receptora supone una ventaja para la mujer que anhele alejarse de la mirada de una pareja que busca constantemente sus gestos de placer durante el coito. Sin embargo, este hecho supone para algunos practicantes una dificultad a la hora de conectar con su pareja.

    Cómo practicar la postura del perrito

La mujer se pone a cuatro patas apoyándose en las manos, o en los antebrazos. El hombre, de rodillas, la penetra por detrás sujetándola por las caderas o las nalgas. Es una posición con una inmensa carga animal pero que permite igualmente la complicidad en la pareja. Esta ambigüedad es objeto de placer para muchos y muchas, ya que, en el sexo, algo que suscita deseo y rechazo a la vez puede provocar una mayor emoción y un placer intenso...

 

La posición del perrito para la mujer

A algunas mujeres no les gusta dar la espalda a su pareja, no verlo o no tenerlo ante sus ojos. Otras, al contrario, aprecian estar liberadas de la mirada del hombre, sobre todo si él suele observar cada detalle de su cara para encontrar los signos de la excitación. En la posición del perrito, ellas se dejan llevar y se abandonan al placer sin preguntarse qué parecen. Sin cara a cara, pueden concentrarse más en su propia excitación sin estar distraídas con la mirada de su amante.

 

La mujer se sentirá bien a cuatro patas o de rodillas, el torso o sólo la cabeza apoyada en la cama si está a buena altura. Si se adentra en los exteriores de la habitación, el sofá o cualquier otro mueble también son adecuados. Ella disfrutará del placer de estar pasiva o, al contrario, participará en el balanceo y jugará con los impulsos de cadera, acompañando el vaivén y reforzando su efecto. También se deleitará de tener acceso libre al clítoris con su mano.

 

La posición del perrito para el hombre

A los hombres les encanta esta posición por la perspectiva que les muestra del cuerpo femenino, la cintura resaltada, las caderas y las nalgas realzadas. La penetración se realiza entre los voluptuosos glúteos, una particularidad fisiológica de la especie humana (¡Los monos no tienen!) que se puede apreciar durante todo el acto sexual, a la par que las manos acarician esas curvas y se agarran a las caderas. 

 

La penetración tiende a ser menos profunda, las nalgas mantienen al hombre a una cierta distancia, lo que puede ser de utilidad cuando el pene es largo. Para compensar, el ángulo de la penetración provoca a menudo un placer más intenso a ambos. 

 

Por último, la posición del perrito deja a cada uno liberarse más, jugar con las fantasías y vivir sensaciones diferentes en el contacto de los cuerpos como en la penetración.


69

El hombre y la mujer se colocan pies contra cabeza, lo que claramente simboliza los números 6 y 9 unidos, uno de ellos boca arriba y el otro encima. El 69 es sin duda la postura que evoca más imágenes, aunque no es una posición de penetración vaginal o anal. Consiste en que cada miembro de la pareja una la boca al sexo del otro haciendo una felación y un cunilingus a la vez.

 

Es una postura que permite la práctica del sexo oral de modo simultáneo, al tiempo que puede ser alternado con caricias, masturbaciones y juegos anales. Ambos miembros de la pareja dan y obtienen placer al mismo tiempo. Puede realizarse de varias maneras, con un miembro de la pareja encima del otro, o bien, si se busca algo más cómodo y relajado, tumbados el uno al lado del otro. Otra forma de llevarlo a cabo, mucho más gimnástica, es abandonando el suelo o la cama y situándose contra una pared, de esta forma el hombre cargará con la mujer, sosteniéndola por las piernas. Aunque pueden intercambiase las posturas entre los miembros de la pareja, hay que tener en cuenta que si el hombre se sitúa encima es más complicado que la mujer consiga estimular su pene erecto.

 

El 69 es una postura muy excitante, utilizada en el juego previo a la penetración que sin embargo puede conducir, por sí misma, al orgasmo de una forma placentera si las dos personas se implican en el juego y no se olvidan del otro, dejándose llevar por su propio placer.

Cómo hacer el 69

En realidad, esta unión puede realizarse en tres situaciones diferentes: el hombre echado de espaldas y la mujer sobre él, o a la inversa, o ambos echados de costado. En la pareja homosexual, el cambio de papeles en las posiciones de espaldas no modifica la figura: son las sensaciones experimentadas por cada uno que cambian.

 

Además, ya que en teoría nada lo impide, los más flexibles y deportistas intentarán hacer esta posición con el hombre de pie, sujetando a su compañera contra él. Pero el común de los mortales actuará sabiamente si se contenta con soñarlo. La dificultad es grande y el riesgo de accidente innegable. 

 

El 69 para la mujer

La mayoría de los grabados representan al hombre cómodamente instalado de espaldas. La mujer está a cuatro patas encima de él y deja pasivamente que la bese y acaricie con los labios y la lengua. También puede multiplicar los efectos con frotamientos intensos o variar el contacto con movimientos pélvicos para hacerlo más preciso y fuerte. El hombre tiene las manos libres para acariciar sus nalgas y sus riñones, para guiar sus caderas y multiplicar así las sensaciones.

 

El 69 para el hombre

La mujer besa el pene del hombre o lo mima con sus labios y lengua, se lo introduce un poco o mucho en la boca para una caricia circular más envolvente. Puede mantener su cara frente al miembro, enderezándolo verticalmente, o colocarse un poco de lado con la frente apoyada sobre el vientre, la ingle, los muslos del hombre…

 

En una posición así, la excitación que sobreviene a cada uno se refuerza con la que al otro se procura y con el carácter provocativo de estas posturas.  Pero algunas personas pueden creer que estar atento al placer del otro no deja a abandonarse totalmente al suyo propio. Prefieren separar el tiempo del cunnilingus y el de la felación. Es cuestión de gustos y la pareja de ser bastante abierta para que cada uno pueda pedir y obtener el juego de boca que satisfaga su apetito sexual.


La posición del barco de vela.

¿Listos para la travesía del placer? En la posición del barco de vela, la mujer cede a su compañero el control de la situación. Él se convierte en capitán de una aventura compartida, controlando el timón y levando o echando el ancla a su gusto.

 

 La mujer recostada sobre su espalda, al borde de la cama,  eleva las piernas y las coloca con los tobillos cruzados. De esta manera, espera el inicio del juego de su amante, que se arrodilla frente a ella, sujetándola fuerte por los tobillos. Cuando el capitán está listo se aferra a su timón e inicia la travesía. El vaivén del viaje no es otro que balancear el cuerpo de su compañera con gestos suaves de izquierda a derecha, durante la penetración. Si la pareja tiene diferencias importantes en la altura resulta práctico colocar un cojín sobre la espalda de ella. Así aumentamos la comodidad y facilitamos el buen inicio de la actividad sexual.

 

La buena sincronización en el movimiento de balance será el elemento clave de las sensaciones experimentadas. Las más habituales son: la relajación de la mujer fruto del vaivén y la satisfacción del sentimiento de dominación en el hombre.

Cómo se practica la posición del barco de vela

La mujer se coloca en el borde de la cama, con sus piernas hacia arriba, acostada sobre su espalda y se abandona a los deseos del hombre. Él se arrodilla frente a ella y abre los muslos de su amante, sujetándole los tobillos. Como un capitán y su barco, el hombre dirige la situación, penetra a la mujer y domina el vaivén.

 

Da comienzo así a la mejor parte del encuentro sexual. El capitán dirige el timón a la izquierda o la derecha, ladeando a la mujer. Las sensaciones de la vaginaconcuerdan con el movimiento balanceante. Ella es como una barca echada a la mar, siguiendo los designios del oleaje. Aún embargada por una suave sensación de mareo, puede notar la penetración profunda y relajante. El amante goza de una perfecta perspectiva de su pareja, jugando con la idea de dominar la situación. Ralentiza o acelera el movimiento y puede cambiar la inclinación de las caderas o el ángulo de las piernas. Si es necesario, se puede colocar un cojín bajo las nalgas de la mujer para facilitar la penetración.

 

El capitán, contra viento y marea, se mantiene a flote hasta conseguir el placerculminante. Cuando la tempestad deja paso a la calma, la barquita puede retornar a buen puerto, esperando un próximo viaje lleno de más sorpresas.


La lengua del Gato.

La lengua ofrece al ser humano su primera experiencia erótica: mamar del pecho. Este primer contacto, la convierte en un instrumento erótico, destinado a satisfacer los deseos sexuales a través del sexo oral. Al igual que el 69, es una postura de sexo oral, independiente de las de penetración vaginal o anal. La lengua de gato expone los genitales femeninos a la boca de él y los deja a merced de sus habilidades.

 

 

 

La mujer eleva las piernas en el borde de la cama, mientras su pareja le espera arrodillado, listo para iniciar el cunnilingus.  La parte más privada de ella se entrega a la experiencia de ser lamida, por su amante. Él la degusta con ternura e inicia el recorrido despacio besando delicadamente la parte interna de los muslos, acariciando los labios con la boca. Cada serie de estímulos orales durará unos diez segundos, destinando cinco para lamer cada zona y cinco para abarcar toda la vulva.

 

 

 

Una vez que la excitación aumente, se abren los labios con los dedos y se estimula el clítoris. La lengua, protagonista absoluta, siempre se mantendrá lubricada para un contacto agradable en esta zona tan sensible. Los besos húmedos recorren los labios menores y el monte de Venus. Combinando las lamidas con la succión se alcanza un placer intenso que hará desear otros juegos sexuales.Inflada o sacada, en punta o caída, la lengua permite acariciar y lamer, chupar y absorber, según el deseo de cada uno.

 

 

 

La lengua de gato, es la del amante que sabe ofrecer generosamente a su amada gozo y voluptuosidad en un sutil cunnilingus. A veces, es porque la mujer no quiere ser penetrada, o bien porque el hombre está agotado y la mujer todavía animada. A veces también este regalo amoroso es un preliminar a otra actividad sexual. De hecho, para los hombres, el olor del sexo femenino así como el gozo clitoriano de su compañera son estimulantes eróticos poderosos.

Cómo practicar la postura de la lengua de gato

La mujer se echa cómodamente de espalda. Extiende las piernas y su amante las eleva y abre con ternura, antes de acercar el rostro a su vulva. Puede empezar por posar besos ligeros sobre los labios menores y el monte de Venus, cosquilleos para despertar el sexo de su compañera.

 

Después, alarga la lengua para que sea puntiaguda y dura. Da golpes secos y rápidos alrededor del clítoris para picotear la zona sensible. El clítoris se infla y sale de su capuchón. En este momento, el hombre lo pone entre sus labios y lo succiona mucho tiempo, mientras lo lametea con la punta de la lengua.

 

De repente, la mujer siente una excitación que intensifica la movilidad de esta ágil lengua de gato. La sangre bombea más fuerte hacia su clítoris, sus caderas vibran al ritmo del placer y a veces su espalda se arquea. El hombre la mantiene con una mano para que no huya de los refinamientos que preparan su lengua y sus labios. Él empuja su lengua redonda y gruesa en la vagina entreabierta, muy despacio y lo más profundamente posible. La saca lentamente y vuelve al clítoris hasta que la mujer, al punto del éxtasis y agotada, se libera de su tensión y goza.  


El Hombre de pie.

Los grabados que representan posiciones sexuales suelen enseñar variaciones donde la pareja está tumbada, de rodillas, a cuatro patas, sentados, a horcajadas… pero raramente les muestran de pie. De todas formas, el cine, los grabados hindúes y sus estatuas se refieren mucho a esta posición.

 

Para disfrutarla tenemos que partir del conocimiento de que es una postura muy placentera y salvaje, pero mucho más incómoda que aquellas en que estamos sentados o tumbados (misionero, flor de loto…) La clave es encontrar el punto intermedio para que los genitales se encuentren, lo que lleva al hombre a cargar con sus brazos todo el peso de ella. Si esta opción provoca cansancio en el hombre la postura se revelará problemática y poco placentera.

 

El contexto en el que se practica, tantas veces filmado en el cine, es el de un encuentro espontáneo, salvaje y apresurado, que deja a un lado las miradas o gestos cariñosos. Es un empujón de deseo, sólo apto para atrevidos y parejas sin complejos en la práctica de un sexo puro, centrado en la postura y la penetración.

Una posición poco práctica…

Por seguro, estar de pie no permite tanta comodidad como si se estuviese tumbado o sentado. Además la mujer, que por lo general es más menuda que el hombre, no está a la altura adecuada para que sus genitales se encuentren. El hombre ha de adoptar posturas incómodas para así corregir la diferencia. Otra opción es elevar a la mujer y sostenerla, algo que puede revelarse fatigante para algunos, por lo que es incompatible con el placer. Incluso si las estaturas son similares, la posición de pie mantiene los cuerpos tan alejados que la penetración no es demasiado profunda.

 

Pero una posición llena de fantasías

Sin embargo, cuando el cine nos quiere mostrar una pareja asaltada por un deseo irreprimible, arroyada por la fuerza de sus emociones, pone en la pantalla una mujer que se agarra a un hombre de pie, echando los brazos a su cuello, alzando sus muslos para abrazar con ellos su cintura. Y siempre el hombre la sostiene por las nalgas o la apoya contra un muro para elevarla. En esa misma posición se hace el amor, sin esperar ni a quitarse la ropa.

 

Para llegar a ese punto y que la posición lleve al orgasmo, un orgasmo tan vivo que no se quiere retrasar por nada, debe hallarse un buen contexto. No puede ser una relación tierna, con matices de miradas y gestos; tampoco una relación de primerizos, tanteando con dudas, llenos de aprensión a actos y sensaciones desconocidos.

 

Hay que dejarse llevar por una ola de deseo que sumerge la razón y da un empujón a la reflexión e incluso a la prudencia. Es necesario también que la mujer alcance un alto nivel de excitación y que pueda llegar al orgasmo gracias a la penetración vaginal. De hecho, si bien ella tiene las manos libres para acariciar la cabeza, el cuello y los hombres de su amante, él está demasiado ocupado en sujetarla para devolver el favor de caricias suaves y delicadas.

 

Pero si se reúnen estas condiciones, entonces el orgasmo va a la par que la tensión y el fuego artificial puede explotar. El placer culminante para cuerpos que saben lograr tal grado de emoción.


El Soñador apasionado.

Mientras él duerme como un niño bueno, su amada le contempla. Su cara refleja la fragilidad del sueño profundo, mientras que bajo la sábana algo parece más que despierto. Su pene endurecido se marca como testigo de su virilidad. ¡Es ahora de hacerlo soñar!

 

El despertar se hace gradualmente, nunca de forma violenta. El hombre sentirá los dedos y besos de su pareja recorriendo todo su cuerpo. Ella pone el pene en su boca, lo gira dulcemente y lo aprieta con sus labios, introduciéndolo y sacándolo de su boca. También aprovecha para frotarse sobre el cuerpo del durmiente, que comienza poco a poco a despertarse.

 

Después del juego sexual, la vagina está lubricada y lista para acoger la penetración. Él se despierta, desubicado y excitado, en frente de una amante que busca culminar su placer. Si la postura del soñador apasionado ha sido un éxito ambos tendrán un despertar perfecto.Los hombres tienen erecciones mientras duermen, especialmente por la mañana. Para la mujer, nada es más tentador, ante este espectáculo, que aprovechar el momento para demostrar su amor y marcar el paso.

Cómo practicar la postura del soñador apasionado

Al principio, el soñador está profundamente dormido y no reacciona. Su compañera es la maestra de su cuerpo que ella toca suavemente con un dedo. Se acerca al duro pene, sopla ligeramente su piel y la besa furtivamente. Con el pene en la mano, lo pone entre sus labios y le da vueltas en su boca. También lo puede apretar con sus labios y dejarlo salir, empezar de nuevo, a menos que prefiera presionar sus labios cerrados contra el glande descubierto y besarlo. Al mismo tiempo sus dedos toquetean los testículos y recorren el cuerpo del durmiente cuya pasión sólo crece.

 

Si lo quiere la mujer, puede acariciarse o preferir sentarse a horcajadas sobre la pierna del hombre para frotar sus labios menores y su clítoris. Así su excitación sexual sube en intensidad simultáneamente a la de su amante. El interior de la vagina se lubrica naturalmente, el músculo perineal se contrae probablemente por pequeñas sacudidas, señales de que el sexo de la mujer espera al pene. Y cuando por fin el hombre se despierta, encuentra a su amante lista para un placer que él quiere compartir con ella.

 

Cuando las estimulaciones llegan a cierto punto, el hombre no puede contener la eyaculación. Pero al estar ella preparada para gozar, se arriesga a frustrarse si no hay penetración. ¡Lo que debería hacer es dosificar sus caricias de tal modo que un coito concluya su obra!

 

Después de tantos roces variados, el hombre está totalmente despierto. Experimentando la “ciencia amatoria” de su compañera, se deja llevar gracias a sus juegos dócilmente y le da total libertad de acción, sin olvidarse de acariciarla. La mujer dirige el acto sexual, guiando a su amante e imprimiendo un movimiento de vaivén a veces, otras girando. A él le encantará tanto el entusiasmo de la mujer, que halagará su virilidad, como las diferentes sensaciones que ella le ofrece. El hombre sabrá ayudar a su amada cuando está cansada gracias a la fuerza de su excitación: se apropia el cuerpo de la mujer, gozando de ella con ardor, hasta llegar al orgasmo. En la postura primera o la que él elige, el coito es frenético: un soñador sacado del descanso por su amada sacia el deseo amoroso hasta la locura.

 

 


Sodomía o penetración anal.

¡Atención! No realizo el anal, pero debía de incluir esta pose por que se puede usar vaginal.

La sodomía, protagonista de tantos tabúes, se practica en parejas heterosexuales y homosexuales. Es una de las prácticas que más fantasías despierta en el hombre, independientemente de su orientación sexual. Se trata de un juego  que brinda sensaciones sexuales intensas, poniendo a prueba la confianza en la pareja. Una de las mejores posturas para sexo anal es con el hombre detrás o en postura de cuchara.

 

La lubricación es imprescindible para una sodomía satisfactoria. Como el ano no lubrica por sí mismo, se necesita una buena dosis de lubricante. Un consejo para primerizos es tumbarse de lado y pedir a la pareja que se ponga enfrente, lo que le permite ver las reacciones. Después, podrán introducirse uno o dos dedos que permitan acostumbrarse a la sensación.

 

El sexo anal se inicia con penetraciones de la cabeza del pene, permitiendo que la mujer se relaje. Después, él meterá y sacará el pene suavemente e ira aumentado el ritmo y la profundidad la sodomía al gusto de ambos.

 

Una nota importante: después del sexo anal no debe practicarse sexo vaginal con el mismo preservativo o sin lavar el pene, ya que las bacterias existentes en el ano pueden ocasionar infecciones.

¿Por qué a los hombres les gusta el sexo anal?

Muchos creen que la sodomía es exclusiva de los homosexuales. Nada más lejos de la realidad. Una encuesta demuestra que sólo el 60% de los homosexuales han tenido sexo anal en los meses anteriores, y el 30% de los heteros lo incluyen en sus juegos sexuales. Si bien los hombres gustan de penetrar a su compañera, también disfrutan cuando su pareja les penetra con un juguete o los dedos. Un agradable cambio de proceder sexual, la experiencia también procura a la pareja un crecimiento integral del placer.

 

Si además la mujer sabe apreciar el gozo intenso y más punzante que la penetración vaginal, el hombre recibirá una gratificación que reforzará el placer conseguido en el acto. Por supuesto, ya que hablamos de placer, hay cosas para todos los gustos, y los o las que no tienen ganas de probar son seguramente muchos.

 

¿Cómo practicar la sodomía o penetración anal?

El sexo anal, como cualquier otra práctica sexual, requiere el consentimiento de ambos miembros de la pareja. Una sorpresa no siempre es bien acogida y en este tipo de prácticas puede que menos aún. En el caso de una pareja que decida lanzarse a probar la penetración anal, es importante establecer un pacto de confianza en el que si uno de los dos quiere parar, el otro lo acepte para así pasar a otras posturas más placenteras para ambos.

 

Para evitar una relación anal dolorosa, es importante que el ano esté lo suficientemente dilatado y lubrificado. Por ese motivo, es necesario prepararlo para la penetración mediante caricias, masajes o penetraciones digitales. El viaje hacia el séptimo cielo será más que agradable.

 

En cuanto a la lubrificación, no te quedes a medias. Vale más pasarse con la dosis que quedarse corto. La penetración anal es una relación sexual que demanda dulzura, empieza despacio, avanza progresivamente y piensa en hacer algunas pausas si fuese necesario. Asociar esta penetración a una estimulación del clítoris permitirá potenciar el placer de ambos miembros de la pareja. Para más información sobre el orgasmo anal, consulta nuestro artículo.

 

Penetración anal: diferentes posturas

Para las parejas en que ambos estén interesados, la sodomía homosexual o heterosexual se puede llevar a cabo en distintas posturas. El perrito parece ser la preferida, porque priman las nalgas y las caderas, que son estimulantes eróticos muy potentes. Pero algunos consideran más cómodo estar boca abajo en la cama. Echarse de costado es también muy agradable, más suave y permite rozamientos y sensaciones diversas según la posición de las piernas al entrelazarse.  

 

Sin embargo, un buen número de hombres y mujeres rechazan ser penetrados sin ver a su pareja y quieren posiciones cara a cara durante la sodomía. El pasivo puede echarse sobre su espalda y el activo se pone entre sus piernas. También, el activo sentado o de rodillas, mientras que el otro se sienta sobre los muslos de su pareja. Siempre tendrán sensaciones fuertes y las manos serán libres de dar todas las caricias deseadas.

 

La variedad de las posiciones para la sodomía es así tan grande como para la penetración vaginal. Las parejas que se interesan en este juego tienen un buen margen de libertad para encontrar lo que mejor les convenga.       


El árbol prohibido.

¿Alguna vez has soñado con comer el fruto del árbol prohibido? Si uno de los dos puede hacer el pino, ofrecerá a su pareja una posición sexual inédita para probar el fruto secreto. El árbol prohibido es una forma inusual y algo acrobática de probar el sexo oral. Si es el hombre el que hace el pino contra la pared, la mujer se sitúa enfrente a buena altura, ayudándole a mantener el equilibrio. Nada impide que se inviertan los roles en el árbol prohibido.  Dependiendo de quién se sitúe boca abajo llevaremos a cabo una felación o un cunnilingus, cuyos secretos explicamos en otras diapositivas.

 

El árbol prohibido es una postura sexual en la que se requiera mucha fuera y equilibrio, ingredientes sin los que la práctica puede convertirse en un desafortunado accidente. Por ejemplo, el hombre hace el pino, apoyado en su cabeza y las manos, las piernas al aire. La mujer se arrodilla frente a él, su cara está a la buena altura. Con sus manos o enlazando el cuerpo del hombre, le ayuda mantener el equilibrio. Desde luego, la posición es perfectamente reversible, la mujer haciendo el pino y el hombre de rodillas. Y muchos hombres adoran la ofrenda en este sentido, para sumergir la cabeza en lo que van a probar como uno se sumerge en el mar.

 

Esta posición ofrece lo mejor a los que les gusta intercambiar el placer. En cuanto a los que prefieren un gozo simultáneo, pueden introducir una variante para no quedarse frustrados. Basta con que el hombre, cabeza abajo, apoye su cuerpo contra un muro, de las nalgas a los pies. Sus hombros y la parte superior de la espalda están sobre el suelo, y la cabeza bastante adelantada para estar bajo el sexo de la mujer en cuclillas. El abrazo le pegará contra la pared.

 

Esta posición no tiene como único interés hacer un 69 más complicado. Las tensiones musculares que entraña, así como las situaciones y las dilataciones que crea, aumentan notablemente la excitación y el goce conseguidos.

 

En estas condiciones, comer ya no es un defecto, mas la cualidad principal de los gourmets.    


El misionero.

La posición del misionero es la más frecuente en nuestra civilización. Por eso, tiene la reputación de ser una postura sexual banal y rutinaria. Sin embargo, para muchas parejas sigue siendo una posición cómoda y dadora de sensaciones fuertes. Un preludio para la excitación o, al contrario, la última posición para abandonarse al gozo.

 

El origen del misionero se remonta a la colonización de  América por religiosos españoles. Existen dos versiones. En la primera,  los religiosos españoles recomendaban la postura del misionero a los indígenas para que dejaran de hacer el amor “como animales”. En la segunda, era la utilizada por los propios misioneros para fecundar, con la meta de cristianizar, el mayor número posible de mujeres indígenas. Sin embargo, científicamente no se ha probado la relación entre la práctica del misionero y un aumento de las fecundaciones.

 

En la versión clásica,  la mujer se sitúa boca arriba con las piernas algo abiertas y el hombre se coloca encima de ella. El contacto visual establecido otorga la sensación de intimidad característica del misionero. Disfrutamos mientas nos miramos y descubrimos cara a cara. La comodidad  que facilita deja abierta la posibilidad de tocar al compañero en las nalgas y a las mujeres en el clítoris, garantizando así un intenso orgasmo.

 

Es una de las posturas sexuales que más variantes tiene. La mujer puede mover las piernas para darle un toque más picante al clásico y permitir una penetración más profunda. Para los más atléticos la mujer se recuesta sobre la cama y posa uno de sus tobillos en el hombro de su pareja, doblando ligeramente la otra pierna. Él se vuelca sobre ella medio arrodillado.

El misionero: una postura muy romántica

En esta posición cara a cara, el hombre se sitúa encima y la mujer se tiende sobre la espalda. Él está echado sobre ella pero, para no aplastarla, no deja todo su peso muerto y se apoya con sus codos y rodillas. Casi siempre, las piernas del hombre se colocan entre las de la mujer, éstas ligeramente plegadas. Ella busca conseguir el contacto más próximo entre su clítoris, o la región clitoriana, y el pubis de su pareja con fin de obtener, durante el coito, una estimulación genital eficaz. Para ello, puede plegar más sus rodillas o contraerlas hacia sus hombros o cruzar las piernas por detrás de la espalda del hombre. Cercando el tronco de su amante con sus piernas, ella puede juntar los pies en su espalda.

 

Variantes del misionero

Algunas ponen una almohada bajo sus riñones y otras no sienten bastante estimulación si no deslizan su mano entre los dos cuerpos para aumentar la presión sobre su clítoris.

Según la complexión física del uno o el otro, la solución varía para cada pareja.

Además, es interesante modificar la postura para experimentar las distintas sensaciones.

 

La penetración sobreviene durante los movimientos o bien uno de los dos puede coger y guiar el miembro. En el misionero, la pelvis de la mujer está bloqueada por el peso del hombre y ella tiene menos amplitud de movimiento, mientras que él puede mover ampliamente sus caderas. Los besos están limitados al rostro, el cuello y los hombros, mientras que él puede únicamente acariciar a su pareja sosteniendo todo su peso con un sólo brazo, lo que se revela muy incómodo. Problemas de sobrepeso, dolores articulares o el embarazo son factores que hacen desagradable esta posición. Habría que recurrir a otra solución, mejor adaptada.

 

Pero la posición del misionero tiene una ventaja esencial: el poder mirarse a los ojos, besarse mutuamente, un contacto físico intenso, abrazos cerrados...


Las viñas enlazadas.

En la posición de las viñas enlazadas, la penetración se efectúa sobre el costado, cara a cara, y permite unas variaciones interesantes. La pareja puede enlazar sus cuerpos apretando el pecho del uno contra el otro o, bien, separarse, acariciarse los senos y besarse en la cara y el cuello.

 

Al quedar las piernas estiradas la penetración será menor que en aquellas posturas en que quedan flexionadas. Si se busca aumentar el placer ella puede apretar los muslos, experimentando así  nuevas sensaciones en los labios y el clítoris. Se disfrutan momentos de sexo tranquilo, rescostado e intimista.

¿En qué consiste la postura de las viñas enlazadas?

La mujer y el hombre tienen la elección de enlazarse para apretar el pecho uno contra el otro, besarse y mimarse la espalda y las nalgas o, al contrario, apartarse un poco y acariciarse el pecho y los senos o besar el cuello. 

 

Si las piernas quedan estiradas, la penetración será menos profunda, pero si ella aprieta los muslos, las sensaciones al nivel de los labios y el clítoris se reforzarán rápidamente con los movimientos de la pelvis. 

 

Otras variantes de la postura de las viñas enlazadas

Sin embargo, algunas prefieren plegar sus piernas y rodear la cintura del hombre con sus muslos, uno encima, el otro debajo. Así cambia la penetración, la presión del pene afectará otras zonas de la pared vaginal, suscitando más emociones.    

 

Se hace la posición de las viñas enlazadas cuando el hombre endereza sus piernas en ángulo recto; la mujer deja un muslo extendido entre los de su amante y levanta el otro, que se situará sobre él, a la altura de su cintura.  

 

Así los amantes están entrelazados como los zarcillos de la vid, lo que refuerza la intimidad y la fusión corporal. Esta posición no tiene como finalidad única la de provocar el orgasmo, a la mujer o al hombre. En general, permite alargar los abrazos, variar las caricias y los besos y unir en armonía los movimientos corporales.

 

Las viñas enlazadas es una posición confortable, que da tiempo para jugar con su deseo y satisfacer todas sus ansias mutuas. Para quien aprecie disfrutar las sensaciones dadas por los ritmos suaves del amor, esta es la oportunidad de aprovecharlo al máximo. 

 

Cuando el ambiente esté al rojo vivo, un cambio de posición traerá un gozo tanto más fuerte y profundo cuanto más tiempo se dedique a prepararlo con sumo cuidado.



                                                                                                                                                                                                                              sigue en Kamasutra parte 2.