Kamasutra parte 3


La posición de Andrómaca.

Andrómaca, mujer de Héctor, el gran héroe de Homero, disfrutaba cabalgando encima de su esposo. La leyenda cuenta que detrás de la puerta los esclavos se masturbaban, durante sus coitos. La mujer domina al hombre y se convierte en su maestra del placer.

 

Él, tumbado, y ella, encima con las piernas flexionadas, aprovechan una postura que los sexólogos recomiendan a los poco iniciados en las artes amatorias. Andrómaca es satisfactoria para las mujeres que desean descubrir el orgasmo y para los hombres que necesitan aprender a retener su eyaculación. Ella tiene las manos libres para masturbarse durante la penetración, intensificando así su placer. Igualmente, disfrutará frotando el clítoris contra el pubis de su pareja. 

Hoy en día, los sexólogos aconsejan esta posición a todos los novatos del amor, tanto para las mujeres que desean descubrir el orgasmo durante la penetración como a los hombres que quieren aprender a controlar su eyaculación.

 

Una mujer que no llega al orgasmo en el acto sexual tiene la posibilidad de acariciar su clítoris. Unos tocamientos que le permitirán alcanzar el placer deseado mientras se realiza el coito. En este caso, la posición se revela muy interesante para la mujer que quiere acariciarse al hacer el amor, más que la posición del misionero, pero menos que en la postura del perrito. En cualquier caso, según varias encuestas, el cincuenta por ciento de las mujeres europeas gozan gracias a su auto estimulación durante el acto sexual.

 

Sin embargo, algunas mujeres buscan la excitación clitoriana sin usar las manos pero con el frotamiento contra el pubis y vello del hombre. Por ello, la posición de Andrómaca aventaja a otras indudablemente: en el misionero, la mujer tiene poco margen de movimiento para sacudir las caderas y se encuentra más o menos bloqueada. Con Andrómaca, ella tiene toda la amplitud para erguir su espalda o variar la inclinación de su busto hasta que encuentra la postura ideal. El contacto entre su clítoris y el pubis de su pareja será óptimo. Además, ella elegirá la intensidad de la presión, el ritmo y el frotamiento. Se adaptará muy bien a las nuevas sensaciones que descubrirá. Todas las condiciones se reúnen para que el juego sea más eficaz y lleve progresivamente al orgasmo deseado.

 

En cuanto al hombre que desea controlar su eyaculación, buscar una posición relajada provee de un juego erótico más sencillo y posible. Así puede desprenderse de la excitación específica que proviene del vaivén, un enfoque bastante difícil en la posición del misionero. Él se mueve poco en la posición de Andrómaca, su cerebro se desbloquea y tiene menos miedo de la eyaculación inesperada. Se excita con la visión del cuerpo de su amante, desde el bajo vientre a sus senos y su cara. Las caricias y besos se intercambian muy sencillamente y también, juegan un papel importante. La variedad de diversiones eróticas posibles le ayudará a olvidar sus temores. Así la sexualidad retornará a su carácter lúdico tras librarse de la ansiedad del reto.

 

Dejando atrás el aprendizaje, la posición de Andrómaca también tiene sus encantos. La mujer juega con el pene en su interior, explora a placer los movimientos que variarán sus sensaciones. Dará a su pareja el espectáculo de un cuerpo vivo y móvil, del incremento de su deseo y de su excitación. Son momentos llenos de erotismo para ella que se ofrece y para él que recibe un precioso regalo.


El pecho profundo (una cubana).

Hay lugares recónditos en el cuerpo de la mujer que al hombre le encanta explorar. Uno de ellos son los pechos, que provocan delirios de placer. Es una forma de variar las prácticas sexuales en la pareja. También conocida como la cubana, el pecho profundo consiste en masturbar el pene con los pechos, introduciendo el miembro erecto en el canalillo. El frote repetido simula la penetración, con el añadido de la cercanía a la boca, que tan erógena resulta para los hombres. Puede iniciarse el pecho profundo estimulando los pezones con la punta del pene.

 

Para subir a un más el nivel de excitación, la mujer cubana moverá su lengua sobre el prepucio o lo acariciará con sus dedos mojados. El resultado, llegará rápido, una ducha de esperma incontrolado inundará sus pechos. 

Las razones que explican por qué dos amantes practican relaciones sexuales sin penetración vaginal son numerosas: el miedo a quedarse embarazada, las enfermedades de transmisión sexual, la pérdida de la virginidad o, durante el embarazo, la ansiedad del hombre por no aplastar el vientre de la mujer… A esto se une el deseo legítimo de la pareja a experimentar toda una gama de placeres.  

 

La postura del pecho profundo, o coito intermamario, devuelve a los pechos de la mujer su valor erótico. Porque si bien la primera cosa en la que un hombre se fija en una mujer son sus senos, se desplaza luego por el sexo en sí. Claro que los senos reciben caricias durante los preliminares, ya que evocan voluptuosidad y sensualidad. Son mordisqueados, chupados, lamidos, besados, pellizcados… Estas sensaciones son fuente de una cautivadora excitación para la mujer. Los pezones, estas flores morenas o rosadas, endurecen al mínimo estimulo: demuestran que son muy sensibles y por eso, a los hombres les encanta verlos y tocarlos.

 

Durante el coito, si el amante no cuida mucho los pechos, la mujer se queda confundida por su balanceo y los frotamientos contra la piel del otro o la sábana. Seguro que le gustará que su pecho tenga de repente toda la importancia en la relación sexual y disfrutará de recibir las vibraciones y el martilleo del pene contra esta zona erógena de su cuerpo. Antes de todo, habrá probablemente estimulado el pene con su boca o sus dedos mojados con saliva, mientras que su amante inventará todas las maneras para que brote su deseo.

 

En la postura del pecho profundo, mejor vale que el pecho de la mujer sea generoso. El hombre se echa de espaldas y la mujer se sube a horcajadas sobre él. Se arrodilla encima de su amante de forma que sus senos envuelven el pene en erección y lubricado con saliva. Tiene que cuidar de no dejar salir el miembro de su “cofre”, lo que no resulta tan fácil porque no hay ningún músculo en los senos. Esto implica que debe plegar un brazo contra su pecho para mantenerlo en su lugar. 

 

No hay necesidad de usar un preservativo, ¡a no ser que la mujer rehúse que el esperma la salpique! Los dos senos envuelven y presionan el pene: con pequeños vaivenes, el prepucio se retrae y deja el glande en contacto con la tierna piel de su pecho. La mujer dirige las operaciones, su pareja se abandona a sus propias sensaciones, gozando a la vez del espectáculo de esta “devoción” a su sexo. Mantiene a su amante por los hombros y puede guiar sus balanceos, que deben ser lentos al principio y más rápidos a medida que crece la excitación, hasta la eyaculación.

 

Algunos preferirán una posición invertida, de la mujer con respecto al hombre: la vulva esta encima de su cara. El pecho sigue siendo el receptáculo del pene, pero ahora, como en el 69, el hombre puede realizar un cunnilingus y permitir que la mujer goce con él.  


El joyero.

La reina del sexo perezoso o mañanero es, sin duda, la posición del joyero. Lo que cuenta no es la forma física sino ser lo más cariñoso y afectivo posible. ¡No todo es sexo salvaje y acrobático!

 

El hombre, con una pierna en la cama, pliega la otra y la sitúa sobre la de la mujer, que también está estendida. Ella sube la otra pierna y la dobla sobre la cadera de su pareja. Sus partes íntimas están protegidas por la “cajita joyero” que forman sus piernas.

 

La penetración es controlada por el hombre, que abrirá o cerrara el sexo de ella jugando con sus nalgas. Sin embargo, el joyero no permite muchos movimientos a la pareja, por lo que la cercanía de los cuerpos y las caricias serán ingredientes indispensables para llegar al orgasmo.

La unión del joyero es especialmente tranquilizadora, cuando se viven los primeros días de una relación en que el sexo es origen de ansiedad entre los amantes.

 

En esta posición, ambos están echados de costado, frente a frente. Antes de la penetración, se besan y exploran sus cuerpos. Las lenguas se buscan, lamen el vientre o el sexo del otro, azuzan los pezones. Las manos se entrelazan o salen en búsqueda de los rincones de la piel más tiernos. Los dedos estimulan el clítoris y el monte de Venus, los testículos y el pene hasta que ambos sexos, en el culmen del deseo, no se resisten más a empezar la penetración.

 

El hombre, con una pierna extendida en el lecho, pliega la otra y la desliza sobre la pierna de apoyo de la mujer, también extendida. Están muslo contra muslo. La mujer eleva la otra pierna y la dobla de forma que su rodilla yazca sobre la cadera del hombre. Así ambos, las piernas entremezcladas con simetría, preservan sus sexos en un “joyero” protector.

 

Cuando el hombre penetra a la mujer, lo hace delicadamente, porque en esta posición, la vulva está solamente entreabierta y el acceso a la vagina muy estrecho. Él seguirá jugando con su pene y excitando más el clítoris, quedándose a las puertas de la vulva, mientras que los dos se besan y sus brazos se enlazan. Por otro lado, si el hombre se incorpora levemente hacia el cabecero de la cama, el contacto de su pene con el clítoris se tornará más íntimo. 

 

Es posible que la impaciencia de la mujer acelere sus golpes de cadera; en ese caso, él la penetrará con más profundidad si ondula sus nalgas y su vientre.

 

Ninguno de los dos tendrá gran movilidad en esta posición del joyero. La expresión del deseo, por lo tanto del placer, es más delicada. Debido a la estrechez de la vagina, la fuerte fricción del pene durante el coito ofrecerá al hombre intensas sensaciones que le catapultarán a la eyaculación. La mujer, por otro lado, sentirá el vaivén contra la parte interna de sus labios, alcanzando así el orgasmo con facilidad.

 


El loto invertido.

Se dice que los compañeros de Ulises olvidaron su patria tras probar el fruto del loto. Pero el mito no cuenta cual era la verdadera naturaleza del fruto mágico . ¡Déjate llevar por el fruto del placer!

 

Ella se tumba de espaldas, con las piernas abiertas y levanta la pelvis, como si quisiera dar una voltereta. Se necesita flexibilidad, para conseguir el ángulo perfecto que acoja el pene. El loto invertido es una buena postura para los penes pequeños, porque la penetración es muy profunda. Ésta se iniciará suavemente, mientras él disfruta controlando el ritmo y la intensidad. En el loto invertido el hombre se encarga de dirigir el festín, decidiendo con sus golpes de cadera hasta donde llega el coito. Tenemos tendencia a sostener los glúteos de la pareja con los pies, pero es mejor evitarlo porque incomoda mucho a  la mujer.

 

La postura del loto invertido es una de las muchas variantes descritas en el libro del jeque Al-Nefzaui El jardín perfumado. Se recomienda para los hombres que creen tener un pene pequeño.  

 

La mujer está echada de espaldas. Con los muslos abiertos, sujeta sus tobillos y eleva su pelvis, como si quisiera hacer una voltereta hacia atrás. En esta posición que requiere mucha flexibilidad, la vagina está alzada y ampliamente abierta, lista para recibir a su pareja. Él pone sus manos a un lado y otro de la cabeza de su amada, se arrodilla sobre ella y la penetra con facilidad. Puede variar a voluntad el ritmo del vaivén: lento y suave primero, mas rápido después. Juega con su pene cual lápiz que dibuja los paisajes interiores y misteriosos del sexo femenino.  

 

Que el miembro quede al comienzo de la vagina, que ande por todos lados con alegría o que se hunda más profundamente, siempre es tarea del hombre de dirigir la puesta en escena, concordándose con el placer experimentado por cada uno. Su posición le da mucha libertad en los movimientos de caderas y posibilita alargar el coito. Aun así, es mejor cuidarse de sostener las nalgas de su pareja con las piernas, para paliar la incómoda posición de ella.

 

Al alcanzar el dominio de la penetración, el hombre otorga gozos variados a la mujer. La excitación de la vulva, al ser frotada por el pubis del hombre, se difunde hacia el clítoris. Pero también los frotamientos del pene contra la pared muy sensible de la entrada a la vagina o los juegos del amante para alimentar el deseo de su pareja contribuyen a la excitación vaginal. Ralentizar los movimientos o pararlos, acelerar de nuevo justo después… Todo le hace gritar de placer.

 

La mujer dispone de todo el tiempo necesario para alcanzar el orgasmo. Ella necesita estar pasiva para mantener la postura, pero así descubrirá las sutilezas de una relación sexual basada en los contrastes del ritmo y los matices de las sensaciones. 

 


La postura de la bufanda.

Si eres de los que cree que la bufanda sólo se usa en invierno, ¡estás equivocado! En el sexo, se puede practicar la postura de la bufanda para tener un contacto de lo más cálido.

 

La mujer se sienta sobre el hombre y busca el punto de equilibrio con el cuerpo de su pareja, dejándose penetrar. Puede apoyarse elevando las piernas para colocarlas en los hombros de su chico o dejarse caer hacia atrás. La postura requiere de un cierto tiempo para encontrar el punto exacto en que la pareja se sienta a gusto para mantener la bufanda durante un buen rato. Las capacidades de movimiento son mínimas, por lo que lo mejor es dejar las caricias para otro momento y entregarse con pasión al vaivén de los cuerpos.

El hombre se sienta con las piernas extendidas. Inclina un poco el tronco hacia atrás, apoyado sobre las manos. Debe estar cómodamente posicionado para que la postura sea agradable todo el rato. Una alfombra mullida o incluso la cama son preferibles a las baldosas. Evitar el parquet por las astillas.

 

La mujer viene a sentarse sobre él, dejándose penetrar para tener un punto de anclaje solido con el cuerpo de su pareja. En esas condiciones, se puede dejar caer hacia detrás, apoyándose sobre sus manos también y elevando sus piernas para colocarlas en los hombros de su compañero. Es necesario un pequeño tiempo para ajustarse y que la pareja encuentre la inclinación ideal de los bustos, que posibilite mantener la posición durante un buen tiempo.

 

La mujer lleva la voz cantante

Así encajados, manos y brazos no están disponibles y el hombre tiene sus capacidades de movimiento bloqueadas. Es la mujer esencialmente la que actúa. Algunas prefieren balancear su pelvis metiendo alternativamente el vientre y los riñones. La calidad del contacto entre pene y vagina da sensaciones que se pueden variar gracias a la dulzura de los movimientos. Hace falta saber tomarse su tiempo y, por qué no, cerrar los ojos y sentir la excitación irradiar su sexo e invadir, en lentas ondas, todo el vientre, los muslos y las piernas antes de paralizar poco a poco los músculos.

 

Otras mujeres son más sensibles al vaivén. Apoyándose sobre el soporte con sus manos, las piernas en los hombros de su amante, podrán elevar y bajar la pelvis para correr el pene en su interior. 

 

Esta posición de la bufanda limita la excitación sexual a lo básico, es decir el pene y la vagina. Otras posiciones facilitan el contacto de varias partes del cuerpo y provocan sensaciones más variadas y difusas, pero en la bufanda, todo está concentrado. El interés es permitir sólo pensar en una cosa, obnubilarse con un solo elemento y sentir con más intensidad los matices despertados por el movimiento.

 

Una posición de expertos, la bufanda es una de las mejores maneras de calentarse antes de alcanzar las temperaturas más extremas del placer.


El molino de viento.

Las aspas del molino giran, suben y bajan con el soplido del viento. Imagínate estas aspas al ritmo de tus balanceos, con la brisa o la tempestad del amor, mientras se muelen los flujos sexuales dentro del molino.

 

La pareja se estira boca arriba, cada uno hacia un lado, con los codos apoyados en el suelo. Luego, la mujer se pone encima de su pareja permitiendo que él la penetre tranquilamente. Ayudada de sus brazos, elevará su cuerpo y rodea con sus piernas el torso. Él utilizará sus piernas para rodear tu cintura, poniendo una por encima de tu estómago. En cuanto comiencen las embestidas, sentirás como tu cabeza da vueltas sin parar. Como el clítoris está poco solicitado en esta posición, el hombre se encargará de excitarlo con sus dedos, mientras que ella sigue moliendo con sus movimientos.

El molino de viento es una de las muchas variaciones de la postura del misionero. Las piernas de la mujer imitan la mecánica del molino, cambiando sin parar los puntos de contacto entre el pene y la vagina. Esto permite descubrir, en cada momento, una nueva zona sensible de vuestros sexos. El hombre apreciará sensaciones originales y la mujer aprenderá a conocerse mejor. Pero la mayor ventaja de esta posición, es que deja nacer una tierna relación entre los amantes.

 

La mujer se echa de espaldas y se apoya en sus antebrazos, con la cabeza enderezada y las piernas ligeramente dobladas. Si ella lo desea, puede poner un cojín bajo sus nalgas para mayor comodidad al elevar su pelvis y mostrar su vagina según el ángulo que facilitará a su amante una penetración profunda.  

 

El hombre se arrodilla sobre ella y guía su pene dentro de la vagina. Así ella levanta una y otra pierna en alternancia hasta la altura de los riñones de su pareja. Las deja descansar un instante para “girar las aspas del molino” como si hiciese la bicicleta. El tempo es regular y nunca debe interrumpirse durante el coito. Se acompaña de vaivenes moderados del hombre.

 

Cuando la mujer pliega una pierna sobre su pecho, la otra permanece casi estirada sobre la cama, y su vagina se estrecha. El pene es expulsado fuera, lo que le obliga a dar un impulso para quedarse dentro. Si ella lo desea, puede contraer su perineo, comprimiendo así el miembro de su amante y permitiendo contactos más íntimos entre el pene y la pared vaginal. Cuando las piernas de la mujer se cruzan en el aire, la pelvis bascula ligeramente y los rozamientos parecen más suaves para los dos mientras la excitación del hombre crece. Entonces, la vagina se alarga de nuevo cuando una pierna está en posición alta y la otra en reposo. El pene se hunde más y entra en contacto, por un segundo, con el fondo de la cavidad vaginal.

 

La lubricación es natural en la posición del molino de viento, incluso si al principio, es recomendable aplicar saliva en el pene para que se deslice con mayor comodidad en el sexo femenino. El clítoris está poco solicitado en esta posición, así que el hombre podrá excitarlo con sus dedos mojados, mientras que la mujer sigue inexorablemente su ejercicio de pedaleo. Cuando la excitación de la pareja alcanza el culmen, cada uno experimenta sensaciones de extrema dulzura. El hombre estaba casi pasivo pero ahora puede acelerar el vaivén. La eyaculación repentina debería de provocar el orgasmo mutuo de la pareja. 


El herborista.

Con las delicias de la primavera y el sol, ¡nada es mejor que un paseo en el campo para declarar tu amor! ¡Si te gusta disfrutar de la naturaleza en todo su apogeo, no te pierdas la ocasión de descubrir también los placeres del sexo al aire libre!

Cuando nunca has tenido relaciones sexuales con tu pareja, a veces es más fácil encontrarse fuera de las paredes de tu cuarto para conseguir un primer coito exitoso. Esto evita tener la aprensión o el miedo que provoca a algunos el enclaustramiento con la persona que te atrae sexualmente. Para las parejas que ya han aprobado la asignatura de la primera vez, una salida campestre renovará agradablemente los juegos eróticos. 

 

Los herboristas amorosos cogen flores, se obsequian con frambuesas o fresas silvestres, moras o arándanos, se sacian con agua fresca de un manantial… Al principio, no se sabe con certeza qué se quiere realmente del otro. Quizás cada uno se convenza de que sólo es un paseo ligero… Las miradas se buscan, esperando una sonrisa o un signo de complicidad. Los indecisos se sonrojan, los más atrevidos se comen con los ojos la abertura inesperada del escote o desnudan con la mente el ser amado… Todo es pretexto para arrimarse… Las palabras dichas no tienen nada que ver con la complicidad naciente de los cuerpos magnetizados. La botánica es el enlace: las manos se unen sobre la misma flor, la respiración se acelera. Quizás uno de los amantes tropieza y el otro lo abraza para agarrarle.  

 

Pero con una audacia a la altura de su deseo, uno de ambos se decide a confrontar al otro. Porque en esta exuberante naturaleza, escondidos del mundo, los amantes se descubren una complicidad que favorece la unión física. Primero se tocan anodinamente para incrementar el deseo, atraídos irresistiblemente el uno por el otro. A cada contacto, se estremecen con impaciencia. Un sencillo roce desencadena una descarga de placer.

 

¿Es el soplido del viento o el aliento cálido de tu compañero lo que sientes en la mejilla? ¿Y este sudor por todo el cuerpo, realmente es a causa del sol? ¿Quizás la mujer sea la primera que se deja llevar, a menos que el hombre, desbordante de pasión, la abrace y la devore a besos? En el medio de un claro o en un prado, sobre musgo o césped, no importa. Los amantes se desnudan y se dejan deslizar al suelo uno contra el otro. Nada cuenta más ahora que satisfacer su apetito sexual. El hombre está atento a que la espalda de la mujer no se rasguñe con una rama o un guijarro y esté protegida por un mantel de tela. Él se arrodilla a su lado y se las arregla para proteger sus rodillas contra la dureza del suelo. Ahora los cuerpos se buscan sin ninguna vergüenza, los labios se pegan, las lenguas se mezclan. La mujer se emociona de ver la erección que provoca a su amante, agarra su pene y lo estimula más. Todo su cuerpo languidece y se ofrece a la caricia tibia del sol que rivaliza con las de su amante. Su pubis recibe golpes de brisa así como zalamerías que preparan su gozo. Los cuerpos amorosos emanan un olor de libertad.

 

Cuando la pasión de los amantes se desata y el hombre penetra a su compañera, los movimientos de vaivén provienen tanto del hombre como de la mujer. Los nuevos Adán y Eva hacen el amor con naturalidad, como si estuviesen solos en el mundo. Se hartan de sus cuerpos, no se fatigan de tocarse y descubrirse a pesar de la probable incomodidad. Podría ser el crujido de una rama o una oruga sorpresiva sobre la pierna reluciente de esperma, los amantes olvidan el miedo de ser descubiertos en plena acción. ¡Ríen y elevan ahora el recuerdo de lo inesperado!... 


El martillo neumático.

En la penetración, los hay que están satisfechos con las sensaciones ya conocidas de los movimientos del pene en el eje de la vagina, cuando el miembro se desliza dentro según este eje. Pero también están los que buscan otros modos de penetración, con nuevas sensaciones, a veces muy excitantes.

 

Una de las posiciones que va más contra natura, en cuanto a erección de pene se refiere, es también la que ofrece los frotamientos más poderosos, es la posición del “martillo neumático”. Como siempre, no se llega a nada sin esfuerzo y las excitaciones resultantes de esta posición deben ser merecidas.

 

La mujer tiene la nuca y los hombros en el suelo, pero el cuerpo en vertical, cabeza abajo, ayudando su apoyo con los brazos y las manos en sus riñones para sostenerse. El hombre se pone a horcajadas entre sus muslos y ayuda a la mujer a mantener la posición sujetando la pierna frente a él. Para penetrar, de arriba abajo, flexiona ligeramente las rodillas.

 

Por supuesto, los preliminares tienen que haber sido intensos y la vagina debe estar bien lubricada. Las sensaciones de frotamiento son más fuertes tanto para la mujer como para el hombre. Son reforzadas por la excitación de la mujer que se abre y se ofrece a la vista de su amante, en su intimidad más profunda. El hombre no quedará insensible a esta visión y a la de su pene efectuando el vaivén.

 

Tal posición no se aguanta mucho tiempo y la intensidad de las sensaciones tiene como cara amarga su brevedad: salvo las deportistas bien entrenadas, la mujer no puede, ni con la ayuda del hombre, mantener la postura mucho tiempo sin agotarse. Aun así, la posición del martillo neumático merece el intento porque hay pocas penetraciones que unen tan bien la fuerza de las sensaciones con la excitación visual.       


La postura del novato.

La postura del novato recuerda a esos momentos de la juventud, cuando el placer del hombre pasa por ser más activo que su pareja. Ella no tiene otra elección que someterse a su amante, que debe aprender, con esta posición del Kamasutra, a convertirse en un profesional del sexo.

Atrás quedan los años del instituto. ¡También las primeras experiencias sexuales! Pero el Kamasutra ayuda a vivir de nuevo los recuerdos de juventud que pensabas que nunca volverían. La posición del novato es la de un inexperto que debe aprender muy rápido. La de los chicos seguros de sí mismos y optimistas que éramos. Un estudiante en plena forma y capaz de realizar las mayores proezas en los juegos, sexuales o no.

 

El novato coloca delicadamente a la mujer en la cama. La levanta con sus manos por las caderas mientras que ella apoya su cabeza y sus hombros sobre la almohada. Los dedos de sus pies apenas alcanzan la cama. El hombre se pone de rodillas, acercando firmemente la vagina a su sexo. Es el único que decide en el vaivén, porque la mujer, en esta posición, no tiene amplitud de movimientos. En esta postura dominante, el hombre puede contemplar a su pareja, pero se encuentra también limitado: sus brazos están bloqueados y la penetración resulta difícil.

 

Esta postura es perfecta para lograr una rápida excitación, pero es extenuante. El hombre no puede aguantar más que unos minutos y la mujer puede sufrir rápidamente dolores musculares por la incomodidad. El hombre puede entonces cambiar de postura arrodillándose y dejar así a la mujer más a gusto. “El novato” es una posición de transición perfecta, entre la de un hombre dominante y la de una mujer que lleva el control. ¡Hay que respetar la igualdad!


La Amazona.

No se cabalga únicamente sentada a horcajadas. También podemos mantener las dos piernas en el mismo flanco. Y esta posición a menudo fue considerada como conveniente para las mujeres en concreto, porque valora las líneas del cuerpo. Muchas razones para intentarlo al hacer el amor.

El hombre se echa de espaldas como habitualmente, mientras que la mujer se pone de cuclillas al nivel de sus caderas, los pies al mismo lado, y se deja penetrar bajando suavemente. La curva del pene no está en el mismo sentido que la vagina, lo que es un inconveniente y una ventaja a la vez.

 

El inconveniente esta en el hecho de que un movimiento demasiado brusco puede torcer el pene dolorosamente. Además, el movimiento asegura un buen deslizamiento sólo si la lubricación vaginal es importante. Pero si las oscilaciones se realizan delicadamente, el tipo de frotamiento es original y garantiza a ambos amantes sensaciones nunca vistas.

 

Por otro lado, el hombre tiene las manos libres para acariciar las nalgas, la curvatura y la espalda de su pareja con una mano; los muslos por dentro y fuera, el pubis, el vientre y el clítoris con la otra. Es realmente una de las posiciones donde la liberta de manos y las posturas de ambos cuerpos ofrecen al hombre la mayor diversidad de caricias posibles.

 

La mujer no se queda pasiva. Con los pies y las piernas más o menos abiertos, modifica la profundidad de la penetración y el tipo de contacto del pene con su vagina. Puede así jugar con la variación de las sensaciones. El vaivén, si es muy suave, también lo puede dirigir ella.

 

Es raro que una pareja esté motivada para llegar al orgasmo manteniendo esta posición. La mayoría de las veces, tras un momento juguetón, la posición cambia por otra que ofrezca más contactos corporales y una sensación mayor de unión, para compartir el gozo.  

 

 



                                                                                                                                                                                                                                 sigue en Kamasutra parte 4.

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