Kamasutra parte 6


La barca.

La barca y el rio siempre van a la par y se asocian en una unión perfecta. En esta postura sexual, los amantes aprenden a coordinar sus movimientos y, por una vez, tienen que acostumbrarse a no estar frente a frente. Embarcarse en esta aventura puede ser complicado, pero el viaje es agradable.

La barca sigue la corriente y raramente se va a pique. En la posición de la barca, hombre y mujer descubren nuevas sensaciones. Ambos exploran nuevas posibilidades prestando atención a no estropear la sincronización, la unidad de la relación sexual.

 

Echado sobre su espalda, el hombre espera que la mujer se coloque sobre él.

Introduciendo el pene en su vagina, la mujer tendrá que ponerse de lado, como en la posición de la amazona, pero con las piernas flexionadas.

 

En esta postura, inicia el vaivén. La penetración es profunda y otorga a ambos un placer intenso. La curvatura del pene no coincide con la de la vagina, de forma que cada sensación es muy singular. La mujer tiene que prestar atención a no torcer el pene de su pareja. Él, en esta posición de la barca, tiene más posibilidades que en la de Andrómaca. A la vez puede explorar los senos y las nalgas de la mujer, e incluso tocar su clítoris y acariciar su cara al mismo tiempo.

 

Para una mujer que alcanza difícilmente el orgasmo, la posición de la barca le deja tomar la iniciativa y retar su pudor. Así en primer plano, se descubre a su pareja, que contempla una visión integral de ella. Puede animarse a cambiar los movimientos, de izquierda a derecha o de arriba abajo. El hombre no puede moverse tanto pero disfruta con la libertad de sus manos.

 

En esta posición original, hombre y mujer juegan a ser barca y al río, una manera de reforzar la complicidad sexual y hacerles descubrir sensaciones especiales.


El perrito del machista.

Al machista del amor le encanta penetrar a su pareja por detrás, pero tampoco está listo para hacer cualquier esfuerzo. Se queda de pie, bien puesto sobre sus piernas y las manos sobre las caderas, esperando a que la mujer se coloque.

El machista nunca intentará adaptarse. A lo mejor aceptará acercarse pero ella tendrá que saber presentar su sexo a la altura apropiada. Cuando la mujer haya practicado la gimnasia adecuada, él pone su pene, que ya es bastante. La conexión se establece pero él apenas deja que sus caderas se balanceen altivamente, de adelante atrás. ¡Como mucho! Ella tiene la responsabilidad del éxito de la relación.    

 

Para que su sexo sea directamente accesible, la mujer separará las piernas y se inclinará hacia adelante, apoyándose firmemente en el suelo con sus manos. Para muchas, eso requiere plegar ligeramente las rodillas, cuidando también que la vagina quede a la altura correcta porque a él le resulta demasiado agotador doblar las piernas para ajustarse.  

 

Sin embargo, la calidad de las sensaciones obtenidas por una penetración realmente profunda recompensa con creces el esfuerzo de las que se atrevan a sacudirse el pudor para ofrecerse de esta manera. Un ligero masoquismo da un toque más picante a la situación, sobre todo si hay que sostenerse con una sola mano para poder acariciarse con la otra, porque el machista no se ocupa de esos detalles.

 

Algunas mujeres encuentran más agradable sólo plegarse hacia adelante poniendo las manos sobre sus rodillas. Así se balancean más sencillamente para provocar el vaivén en ellas. Tiene suerte de controlar el ritmo y no depender de los caprichos e ilusiones del hombre que, muchas veces, va demasiado rápido cuando se necesita lentitud para buscar la excitación en sí, y se detiene abruptamente cuando hay que precipitar el movimiento para ir con la subida del orgasmo.     

 

Si sus piernas se cansan prematuramente, la mujer prefiere ponerse de cuatro patas sobre la cama, los pies y el trasero fuera. Más o menos de cuclillas, tiene mucha más facilidad si se sitúa a su alcance. En la postura del machista, a las expertas les encanta la sencillez del juego de sus caderas y la resistencia muscular al cansancio. Eso permite tomarse su tiempo y aprovechar la variedad de las sensaciones que nacen en lo más profundo de sí.   


El Alegre Fénix.

Las posiciones sedentes, cara a cara, permiten variaciones interesantes gracias a la diversidad de las posibilidades. En la postura del alegre fénix, la mujer se sienta sobre las piernas del hombre, dejándose penetrar la vagina.

Mas el hombre puede sentarse sobre un asiento (taburete, silla, sillón) o en el borde de la cama, con los pies al suelo, si no sentado en el enlosado o en la cama con las piernas extendidas. Puede mantener las piernas juntas o separarlas, para que las nalgas de la mujer bajen más o menos, sentándose a lo indio en la entrepierna del hombre.

 

Las ventajas de estas posiciones son el contacto estrecho de los pechos, el abrazo cerrado, las caricias de los cabellos, la nuca, el cuello, los hombros, la espalda, los glúteos, las caderas... La mujer mueve sencillamente su pelvis en posturas muy excitantes. 

 

Apoyándose sobre sus pies, si la pareja está en un asiento, la mujer puede jugar con el vaivén, se baja, se eleva y se frota con el vientre de su pareja a la vez.

 

En estas posiciones, la penetración puede ser muy activa y el hombre alcanza a “sumergir su fénix en una profunda felicidad”.

 

Así la pareja puede alternar momentos intensos, causados por movimientos rápidos, y minutos tiernos, casi inmóviles, en el abandono al dulzor del abrazo.

 

Las parejas homosexuales también utilizan estas ventajosas posiciones, atraídos por la posibilidad de mezclar la viva excitación y la ternura de la fusión.   


La carretilla.

¿Quién no ha jugado a transportar sobre el césped o la arena a un amigo por las piernas, mientras que él utiliza sus manos para avanzar? ¡La carretilla que proponemos añade al juego de la infancia el placer erótico! Para los amantes de la “jardinería amorosa”, la carretilla del Kama Sutra es una manera original de unirse fuera de la cama; para ellas, una forma inédita de explorar los lugares de sus retozos.

Claramente, no elijáis un día de cansancio para intentar la carretilla: esta posición impone una participación activa de los dos amantes.

 

Para empezar, la mujer coloca sus antebrazos sobre cojines a ambos lados de la cabeza. Puesta a cuatro patas sobre la alfombra o el suelo, ofrece a la mirada del hombre el espectáculo de su atractiva grupa. De pié tras ella, el hombre sujeta sus tobillos, eleva sus nalgas y cierra los muslos de su pareja contra sus caderas. Bajándose lo que haga falta, la penetra con vigor. Ahora la mujer tiene el pecho erguido, las piernas plegadas bajo de sí, las rodillas contra los senos.

 

La particularidad de esta postura acrobática es combinar esfuerzos gimnásticos y sensaciones fuertes, porque la penetración es profunda y enérgica. Los frotamientos rápidos de la base del pene y los testículos del hombre contra el pubis de la mujer provocan gran excitación y placer. El pene tiene un poderoso efecto en la vagina, precipitando el orgasmo. Al hombre le gustará ser el que domina y dirige a su pareja, tratándola sin miramientos hasta saciarse. En el fragor de la batalla, la mujer se puede mover en la habitación, animando a que el hombre acelere el vaivén de su miembro. Los contactos corporales entre el hombre y la mujer son limitados, pero la tensión muscular que impone la posición enfoca el placer sobre la vulva y el pene.          

 

A pesar de todo, esta postura se revela tal vez difícil de seguir hasta la eyaculación, porque se necesita concentrarse en el equilibrio. Si es necesario, el hombre deja las piernas de la mujer en el suelo para seguir en la posición del perrito, tratando de no interrumpir el placer. 

 

Quizás crees que esta posición de la carretilla es complicada, pero te gustará el dinamismo y la intensidad que aporta al acto sexual.


La posición del pilón.

La posición del mazo es complicada de cumplir para el hombre, pero da al encuentro sexual mucha más creatividad. Algo mágico que suena como el ritmo regular del pilón y el mortero, una técnica tan antigua como el Kama Sutra y sus prácticas sexuales milenarias.

El uso del pilón y el mortero se remonta al principio de la historia humana, y consiste en machacar cualquier substancia. La posición sexual del mismo nombre tiene la brutalidad de este movimiento del pilón, pero la postura sexual es mucho más suave.

 

Para satisfacer a su pareja, el hombre tiene que adoptar la postura de un galán, una rodilla sobre la cama, la otra plegada. Se acerca a la mujer, que espera frente a él, echada sobre la espalda y con las piernas abiertas. Así el hombre le declara su pasión ardiente, y la mujer coloca una mano al borde de la cama y la otra sobre una de sus piernas. Facilitará de gran manera la penetración para el pretendiente, obligado a quedarse en una postura poco cómoda durante el encuentro sexual.

 

Las opciones de placer son múltiples. Sobre un montón de cojines y almohadas, la mujer apretará las piernas mientras que el hombre deja las suyas abiertas: las sensaciones están multiplicadas por la estrechez del sexo femenino.

 

El hombre se las arreglará para dar golpes en el centro del mortero, ya sea grande o pequeño. Cuando lo consigue, da al encuentro sexual un aspecto casi ceremonial. 


El Caballo al galope.

Si bien la posición del caballo al galope no se presta a muchas caricias y enlazamientos de los amantes, sí tendrán placer en dejarse llevar en un juego cómplice de fusión en el que no se sabe quién lidera y quién sigue.

Se puede llevar a cabo esta posición de varias maneras. Por ejemplo, la mujer echada de espaldas con las piernas dobladas y abiertas y la pelvis más o menos elevada. Su amado se arrodilla entre sus muslos y la penetra. Después se sienta para volver a encontrarse cómodo sobre sus talones, con sus muslos abiertos sobre las nalgas de la mujer. De esta forma, ella reposa sus glúteos y riñones sobre los muslos del hombre, y los pies, hombros y cabeza sobre el lecho.

 

Él se sujeta con una mano al hombro de la dama, y con la otra a uno de los pies, de modo que adopta la postura de un jinete sobre su caballo desensillado, prendiendo las crines de su montura con una mano y la cola con la otra. ¡Tampoco es necesario agarrarse al pelo de la pareja para emular al caballero!

 

Esta posición no ofrece un gran contacto entre piel y piel: los pechos no se tocan, ni puede uno acariciarse ni abrazarse, pero las sensaciones se concentran en los genitales (el pene y el interior de la vagina).

 

El interés reside en un juego rítmico cómplice, cada uno teniendo que armonizarse con el otro en una fusión en que no se sabe quién lidera y quién sigue, ni siquiera quién es montura y quién jinete. Ir al paso primero deja a cada uno el tiempo de acoplarse al ritmo del otro. Continuar al trote o al galope hace subir la excitación, lo que se revelará mucho más fuerte si está entrecortado por momentos de calma, a un paso lento y meditado.

 

Hasta llegar al instante embriagador, cual caballo libre en la inmensa estepa, el caballero enloquecido por el espacio se deja llevar por un galope descontrolado, salvaje y sin riendas.  


Las Ranas.

En esta postura del Kamasutra, encontrar el placer no resulta demasiado difícil.La mujer se refugia en los brazos de su amante. Él la invita a su regazo en una posición íntima, donde ella podrá dominar la penetración y apreciar las caricias de su amante.

La posición de las ranas favorece la proximidad. El placer se multiplica por el contacto y el esfuerzo proporcionado por la mujer. Ella lleva la voz cantante sobre su amante, sacando partido de la situación.

 

El hombre, sentado al borde de la cama, pone sus pies en el suelo. Ella acerca su trasero al pubis de su pareja y, dándole la espalda, se coloca como una rana para dejarse penetrar. Ella tiene gran amplitud de movimientos y poniendo sus manos en las piernas de él, será la que efectúe el vaivén.

 

Una penetración tan profunda necesita que la mujer la controle. Teniendo en cuenta que el pene va dirigido al punto G, tendrá muchas más posibilidades de alcanzar un orgasmo extraordinario. Pero para la traca final, el hombre también juega un papel importante, acariciando a su pareja y tocando su clítoris. Especialmente si sincroniza su cadencia con la de ella. Puede usar sus manos para sostener los glúteos de su amante, facilitar y profundizar la penetración.

 

Las ranas en acción pueden llegar muy lejos en el placer. Esta postura es agotadora pero muy agradable para la mujer: ella decide cuándo poner fin a su éxtasis. Con esta postura quizás la princesa encuentre a su príncipe en la rana.


El trípode cojo.

La posición del trípode cojo no es para los que sufren de mareo. Para hacerla perfectamente, hay que olvidar el equilibrio y arriesgarse a caer. Pero con sus ventajas, incluida una penetración profunda, el trípode cojo es una de las mejores posiciones del Kama Sutra.

El secreto del equilibrio del trípode está en una línea invisible al centro del triangulo formado por las tres piernas de este objeto. Ellas crean una resistencia perfecta para sostener todo tipo de objetos. Pero en el caso de la posición del trípode cojo, el secreto está en la fragilidad del mantenimiento. Es lo que hace la postura más atractiva.

 

Los amantes están cara a cara, de pie. El hombre agarra la pierna izquierda de su mujer y la sostiene con la mano derecha, bajo de la rodilla. Ella adelanta sus caderas para facilitar la penetración y él tiende su pierna derecha debajo del sexo femenino. La pareja forma así un trípode inestable. 

 

Ahí está el secreto de esta posición. El hombre, a cada movimiento que inicie, sujeta ligeramente su pié derecho así como la pierna derecha de su mujer. Ella se adelanta cada vez que el hombre va atrás. Favoreciendo la penetración, la posición del trípode cojo les hace tambalearse entre dos puntos de equilibrio. Cada uno se excita con la vista de su pareja. Cada uno acaricia a su amante y ambos pueden entrelazarse para más intimidad.

 

Con tanta proximidad, esta posición deja también a los amantes la ocasión de hablarse durante el sexo y descubrirse mutuamente. Ella tiene sensaciones nuevas con esta viva penetración y él se excita contemplando la pose erótica de su mujer. En ese punto se crea una fusión que sólo la posición del trípode cojo permite. Podrán después intentar la postura en cada rincón de su hogar, ¡sin olvidar la cámara de fotos con trípode!


La canción de cuna.

La posición de la canción de cuna se hace con dulzura y serenidad. El secreto está en un balanceo casi incontrolable que dará vértigo a los amantes. Los esfuerzos serán grandes pero así aprenderán a conocerse y amarse mejor, con más cariño.

 

Hace mucho tiempo que Mamá te cantaba nanas antes de dormir. Eran esos tiernos momentos cuando se podía dormir al sonido de su dulce voz, mecido en su cuna por una mano protectora. La posición de la canción de cuna nos hace recordar estas sensaciones pasadas. Apacible y a la vez maravilloso, este arrullo es de amantes que siempre buscan voluptuosidad.

 

El hombre se sienta en la cama, deja una pierna estirada y pliega la otra bajo su trasero. Puede encontrar su punto de equilibrio recostándose, sino le resultará muy incómodo. La mujer se sienta frente a él, sobre su pierna plegada; pone sus pies en los hombros de su amante, que sujeta sus piernas con las manos.

 

Ella está difícilmente cómoda. Se apoya con sus manos si quiere, pero esta posición se suele practicar sin soporte. Sólo la pierna de su amante la sostiene y hay riesgo de caerse en cualquier momento. El hombre tiene que sujetarla mientras la penetra y la mueve con sus manos de adelante atrás.

 

Da comienzo el balanceo constante de la canción de cuna. La mujer se deja caer ligeramente en el instante que el hombre la agarra para que se yerga. El encuentro sexual es suave y agradable, la penetración no es profunda pero permite a la pareja gozar de su placer sosegadamente. Ni a trompicones, ni brusco: la canción de cuna erótica deja a los enamorados contarse cuentos de caricias, besos y miradas profundas.

 

Por desgracia, esta difícil postura es para los amantes más flexibles y activos, los que no temen hacer muchos esfuerzos para unos minutos de placer. La posición de la canción de cuna no se alarga por mucho tiempo, pero es una de esas que te harán pasar una buena noche. 


La carretilla Tailandesa.

¡La gimnasia puede ser necesaria para la salud, pero la gimnasia sexual es imprescindible! Elige el salto del tigre ante el salto de longitud, olvídate de la voltereta y empieza ya a intentar una posición del Kamasutra más compleja, la carretilla tailandesa. Cuando se une la flexibilidad a la agilidad, la ligereza a la resistencia, el equilibrio a la concentración. Todo esto da una posición inolvidable.

La carretilla existe ya en las posiciones del Kamasutra. Pero ahora, los amantes valientes tienen otro desafío, la carretilla tailandesa, una posición sexual absorbente, extenuante pero muy excitante.

 

Para empezar, el hombre se levanta cerca de la cama y la mujer se queda sentada al borde. Él, de espaldas, la sujeta por las caderas con todas sus fuerzas hasta llegar a la altura de su cintura. Ella se sujeta con los brazos extendidos sobre la cama. Para estar más cómoda, debe poner sus pies sobre los hombros de su amante. Ella no lo ve pero él puede contemplar todo el cuerpo de su mujer. Para penetrarla, necesitará doblar un poco las piernas hasta que su pene está frente a la vagina. En esta compleja postura, es menester que ella use toda su fuerza para guardar su frágil equilibrio.

 

Tarea del hombre será poner en marcha todo su vigor. Los movimientos rápidos y excitantes de su pene sobre las mucosas vaginales son sencillos, pero el peso de su pareja es muy difícil de soportar. Por el contrario, la fuerza de la penetración y la estimulación del clítoris hacen estremecerse a la mujer. Si los amantes son valientes, pueden seguir hasta el orgasmo, sobre todo si ejecutan apropiadamente la posición.

Pero aun así, la concentración que exige el equilibrio precario mantenido por los amantes los puede forzar a abandonar la carretilla tailandesa. Se pueden consolar con una simple pero cautivante posición del perro, si el hombre deja a la mujer ponerse a cuatro patas sobre el suelo.

 

Un gimnasta necesita mucha fuerza para hacer el pino o agarrarse a las manos. La carretilla tailandesa pide todavía más que sólo esfuerzos. Equilibrio, ánimo y concentración son las tres claves para encontrar el placer supremo. Los amantes tendrán que dar pruebas de sus aptitudes para enseñarse el uno al otro lo que pueden hacer por amor, incluso durante algunos minutos.



                                                                                                                                                                                                                                sigue en Kamasutra parte 7.

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