Kamasutra parte 8


El balancín.

Arriba, abajo, arriba, abajo… Proyectado hacia arriba, se despega de la barra como una tortilla, para que, tras un golpe fuerte de cadera, se retorne al suelo.¡Recuerda el balancín de tu infancia para transformarlo en juego amoroso y catapultar a tu pareja hasta las alturas del séptimo cielo!

Hay posturas amorosas donde ambos se trabajan el placer de su amante y donde la pasividad no tiene cabida. En la posición del balancín, cada uno tiene su turno. Es un juego ante todo, una postura que te hace trabajar los abdominales, tiene variaciones a la medida de su excitación y su placer.

 

En el suelo o sobre la cama, ambos amantes se colocan cara a cara y despliegan sus piernas en posición abierta. Para mayor comodidad, las piernas de la mujer se sitúan encima de las del hombre y su pelvis está ligeramente inclinada hacia arriba. De esta forma, la pareja extiende sus brazos al frente hasta que sus dedos se unan y se atraigan el uno al otro, acercando sus nalgas para que sus sexos se toquen.

 

Al empezar, la mujer se echa de espaldas sobre el suelo o el lecho y el hombre se queda sentado, con el torso erguido. Los amantes se sostienen por las manos y los brazos están extendidos. El hombre lubrica su pene con saliva y lo introduce en la vagina de su compañera, totalmente abierta en esta posición. Después, sin soltar en ningún momento las manos de su pareja, él se deja caer para atrás, mientras que la mujer se eleva con la atracción de sus brazos. Con la tensión muscular de los abdominales y del perineo, la vagina se cierra en torno al pene, lo que incrementa la fricción sobre la pared interna del sexo femenino y hace el coito mucho más voluptuoso.

 

Son esos movimientos de balanceo que provocan el vaivén, los amantes se turnan en el sube y baja. ¡Pero no hay que hacerlo demasiado mecánico, dejaos sorprender por un ritmo irregular! Así sentado, el hombre efectuará movimientos cortos de balanceo antes de dejarse caer bruscamente. Si la mujer lo alcanza, puede alzar las nalgas cuando se incorpora: el pene penetrará así más profundamente la vagina aun más estrecha, lo que multiplica las sensaciones de ambos.

 

Teniendo en cuenta la fatiga muscular que esta posición impone, no es seguro que los amantes consigan ejecutarla hasta el orgasmo. Así pues, cuando la tensión sexual necesita un desenlace, el hombre, sin retirarse, podrá plegar sus piernas una tras otra para arrodillarse por encima de su amada, que tiene los muslos cerrados. En esta postura, con el pene estrechado, él se entrega a movimientos rápidos y profundos antes de eyacular. Los amantes estimulados por el “balancín” son abatidos por una ola rompiente de placer.


La posición de la caracola.

Escondida en la playa, la caracola puede a veces ser una auténtica maravilla. Como esta posición del Kama Sutra, en la cual la mujer se abandona totalmente a su pareja. Pero podrá seguramente ayudarle y así reforzar la complicidad.

Para amantes que no se creen expertos del sexo pero que quieren experimentar y renovar su vida sexual, la posición de la caracola es perfecta para aunar placer y ternura, concordar goce y amor.

 

El amante está en la postura del misionero y la mujer le empuja sin miramientos. Lo hace para obligarle a cambiar las tornas del juego amoroso. Coge cada una de sus piernas para plegarlas sobre el vientre de su pareja. Así podrá contemplar la intimidad de la mujer y jugar con ella antes de penetrarla.

 

Cogiendo firmemente los muslos de la mujer, él elige el ritmo y la profundidad del vaivén. Controla la penetración hasta que ella ya no quiere parar. Cada uno participa en el movimiento y hace subir la excitación, especialmente cuando están perfectamente sincronizados.

 

Llegar al éxtasis así está al alcance de todos. Sólo se necesita tocar y explorar el cuerpo de la pareja ahora que las manos están desocupadas. El hombre se acerca a su amante para cubrirla de besos. La caracola está abierta, a disposición del amante curioso.

 

Porque esta sencilla posición tiene varias ventajas: en esta postura, la mujer olvida su pudor y aunque el hombre la domina, puede elegir entre participar activamente en el encuentro o ser guiada. La libertad de movimiento, en la posición de la caracola y todas las variantes que tiene, es la ventaja principal de esta invención del Kama Sutra. Pero también facilita mucho la penetración y estimula el pene, por la compresión de la vagina. Sin acrobacias dolorosas y con mucha comodidad, la posición de la caracola es casi un deber de la vida conyugal.     

 

Sólo un pequeño defecto: si el hombre es demasiado entusiasta, ella sufrirá pequeños dolores en la vagina. Pero se puede fácilmente alcanzar el orgasmo sin necesitar mucho esfuerzo. Por definición, esta variante del misionero tiene tantas ventajas y necesita tan poco esfuerzo que es perfecta para que él o ella vivan un orgasmo desconocido hasta el momento.       


La aurora boreal.

Cuando Homero evocó, en la Odisea, “La Aurora temprana de dedos de rosa”, ¿pensaba en la sensualidad que emana de la mujer al despertar? No importa cuán romántica sea la emoción amorosa al amanecer y cuán erecto el pene del hombre esté: para la postura de la aurora boreal, ¡más vale estar totalmente consciente así como tener una buena flexibilidad y musculatura!

 

Como en todas las posturas acrobáticas, no hay que olvidar los preliminares: besos, caricias, estimulación del clítoris y lubricación de la vulva y del pene. ¡No os conforméis con variadas posturas, buscad variados juegos eróticos! Las nuevas posiciones presentan la oportunidad de descubrir una relación diferente con el cuerpo del otro, ¡no debéis limitaros a una proeza gimnastica!

 

Para realizar la postura de la aurora boreal, la mujer se echa sobre su espalda, las manos a ambos lados de la cabeza, las palmas sobre el soporte. Eleva entonces sus codos, su pelvis y sus hombros, la cabeza inclinada hacia atrás y el busto arqueado. Sus pies y sus manos reposan en el suelo y posiblemente su cabeza. Esta posición curvada no se sostiene mucho tiempo, sus abdominales y glúteos están tensados, su vientre alisado. Dentro de su pelvis, el perineo* también se tensa, preparándola para sensaciones intensas. ¡El hombre no se resistirá a esta visión artística! Se arrodilla sobre cojines frente a su pareja y puede entregarse a caricias con la mano o la lengua sobre la vulva y el clítoris antes de penetrarla. Después, sosteniendo las caderas de la mujer, introduce el pene en su vagina.

 

Mientras que la mujer tiene que mantener el equilibrio, la postura es fácil para el hombre, que efectúa el vaivén con más o menos intensidad. En la posición de la aurora boreal, la mujer es pasiva por necesidad. Debido a la tensión muscular, su vagina es más estrecha que de costumbre (razón por lo cual se necesita una lubricación del pene antes de la penetración) y por eso, los movimientos del miembro son fuente de un violento placer. Normalmente el orgasmo llega rápidamente para ambos. Sin embargo, si el coito se prolonga hasta que a la mujer le fallan las fuerzas, el hombre deposita suavemente su pelvis en el lecho y sigue en una postura menos exigente para ella.


La posición de la acróbata.

Una simple silla puede suscitar la imaginación de una pareja lista para las experiencias sexuales más locas. Y los iniciados podrán intentar la posición del acróbata, que exige una flexibilidad casi sobrehumana. Pero proximidad y placer están garantizados.

Una silla es mucho más que un simple soporte del trasero. Incluso podemos imaginar el instrumento de un acróbata, para hacer figuras de las que admiran los niños en el circo. Una silla para sentarse pero sin que traiga descanso. Para amantes infatigables, la posición del acróbata es una postura del Kama Sutra exigente pero de sensaciones fuertes.

 

Sentado sobre un simple taburete, el hombre espera a que su mujer monte a horcajadas sobre él, cara a cara. Deja su cuerpo caer hacia detrás lentamente y su pelo flotar sobre el suelo. Cada uno se agarra al otro firmemente: la mujer se aferra a las piernas de su amante para no caer y él hace lo posible por mantenerla. Se engancha a los brazos de ella para tener más sujeción pero a veces puede dejarlos para acariciar su cuerpo y darle más placer. 

 

Ahora los amantes están listos para embarcar en un cautivador viaje. El hombre anima el movimiento de vaivén y pronto hará dar vueltas a su pareja. La mantiene con una mano sobre su espalda y abre las piernas para dejar más espacio a la mujer. Su punto G está estimulado y, agarrándose de una mano a su amante, toca su clítoris con la otra, dándole una perspectiva increíble sobre su cuerpo.

 

En esta posición, la mujer se parece a una acróbata, pero el hombre es el que hace todo funcionar: tiene que guardar el equilibrio, facilitar la penetración y mantener a su pareja. Ella puede ayudarle con pequeños movimientos. Nunca los cuerpos estuvieron tan próximos, jadeantes y llenos de energía sexual. 

 

Lo esencial es ser muy flexible para conseguir hacer la posición del acróbata. El hombre tiene que ser capaz de bajar hasta alcanzar el sexo de su pareja, mientras que la fuerza de sus brazos le permite mantenerse en equilibrio. Ella puede desplegarse totalmente hasta el suelo y quedarse así sin que la sangre subiendo a su cabeza le dé vértigo. Tan estimulados, los amantes pueden intentar otra postura para alcanzar el orgasmo. Porque la fatiga se adueñará de nuestros acróbatas principiantes.


Contemplas las estrellas.

En esta posición la pareja está tumbada. El hombre penetra a su pareja sin darse cuenta, casi por accidente. Lo importante es que la mirada de ambos apunte a las estrellas, como un sueño compartido. Pueden incluso hablar de lo que contemplan y filosofar sobre los misterios del universo.


La Shakti descendiente.

La Shakti es quien toma las riendas del acto, la instigadora de la relación y la dueña del ritmo. En esta posición la mujer se sitúa encima del hombre, lo mira y, mientras él la sujeta por la parte superior de los muslos, absorbe su miembro según le plazca. Todo ello acompañado de una sonrisa indiferente y cómplice al mismo tiempo. Ella se centra en su placer y obliga al hombre a que tenga un control perfecto de su erección.


El vuelo.

El hombre se sitúa encima de la mujer. Está dentro de ella y al mismo tiempo listo para levantar el vuelo.  La mujer tiene la impresión de que un pájaro se posa sobre ella. El único contacto entre la pareja se produce a través de los órganos genitales.


El misionero invertido.

Todo el mundo conoce la postura del misionero. Es simple y directa, pero se convierte en algo diferente y sorprendente cuando es la mujer la que está encima del hombre y las miradas de ambos se buscan de manera voluntaria. ¡Qué gran diferencia cuando las cabezas de ambos se separan y los ojos de uno se pierden en los del otro! De esta manera todo se vuelve más consciente y el acto sexual se convierte en un momento mágico que va más allá de la simple penetración.


El descanso.

¿Por qué siempre hay que moverse, estar activos, buscar el orgasmo? A veces lo mejor es quedarse dentro del otro, sonriéndose y mirándose simplemente. Buscando una respiración común, hablando, divagando… Dejando que nuestros órganos sexuales hablen como les venga en gana sin que nuestras mentes participen.


Abracadabra.

¡Las proezas no son exclusivas de los deportistas! También son símbolo de un deseo de desafiar el espacio y la disposición vertical de los cuerpos. Buscarse en lo abracadabrante es poder encontrarse en todo aquello que desafía los límites y el tiempo. Es sorprenderse y hacer de la relación sexual una obra de arte a la que le gustaría volver a los inicios del cubismo.



                                                                                                                                                                                                                              sigue en Kamasutra parte 9.

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