Kamasutra parte 10


La silla eléctrica.

La pareja está sentada. Uno dentro del otro, cara a cara, los amantes se contemplan más allá de sus cuerpos físicos. Ambos se encuentran en perfecta consonancia. Sus respiraciones están perfectamente sincronizadas. Y cada chakra se encuentra alineado con el chakra del otro. No es necesario moverse. Basta con el placer de sentir esos movimientos sutiles y delicados que se inscriben en las cavidades interiores del cuerpo. Tal que olas de amor y armonía.


El gran compás.

Las relaciones sexuales pueden dar lugar a posturas especialmente atrevidas. El gran compás exige flexibilidad y determinación. Pero cuando se logra, uno tiene la sensación de dominar el mundo y ser capaz de desafiar todas las leyes de la gravedad y la geometría a la vez que se está en una dimensión creativa especialmente excitante.


Entre las piernas.

Penetrar a una mujer entre el intersticio de sus muslos es una práctica placentera. La mujer puede apretar más o menos los muslos, según lo desee, para dar la ilusión de un valle vaginal que se abre y se cierra.

 

A esta práctica también se le llama sexo intercrural. Su práctica está muy extendida en Japón y entra en el ámbito de las relaciones sexuales sin penetración vaginal llamadas sumata.


Masturbación mutua.

Masturbar a nuestra pareja es compartir aquello que tenemos costumbre de practicar solos. Es un acto íntimo que a la vez aleja la masturbación de su carácter solitario. Es vivir entre los dos un narcisismo compartido.


Masturbación contemplativa.

Contemplar cómo el otro se acaricia mientras uno hace lo propio es jugar con el deseo y el aumento de placer. La sonrisa y el goce se dan cita de manera natural y es ciertamente interesante aprender juntos a mantener los ojos abiertos atentos a la expresión de los orgasmos simultáneos. Es así como el verbo contemplar cobra sentido.


Del pie a la cabeza.

A veces, al hombre le agrada encontrarse en una situación de amo, de dominador. Se trata de jugar con los códigos y las variantes de la sexualidad, como en un teatro donde todos los roles son posibles. En esta postura, el amo se sienta (con cierta inestabilidad...) sobre la sumisa presa mientras la penetra. El pie posado sobre la cabeza ella indica que es amo incluso de sus pensamientos.


Masturbación con los pechos.

Esta vez es el hombre el que pone el pene entre los pechos de su pareja. Este dirige el ritmo de los vaivenes y decide cuándo va a inundar a su pareja de una singular corbata hecha de espuma.


El puzle.

Qué mejor que combinar los placeres del clásico 69, con los pies en la cabeza del otro, con una deliciosa masturbación con los pechos que transtorne los sentidos y altere las posiciones corrientes. Bocas, órganos sexuales y senos dejan su lugar habitual. El juego sexual se transforma en puzle. 


Los pies agiles.


Viaje entre las dunas.

El hombre emprende un viaje único entre las nalgas de la mujer. Se encuentra entre dos dunas, dos colinas, dos hemisferios… Juega con ellas al tiempo que cosquillea de tanto en tanto el delicado secreto que resguardan esas dos tiernas esferas.    


La pincelada.

Kunyaza es una técnica africana ancestral. ¡Así de universal es la idea del Kamasutra! Se trata de honrar el órgano sexual de la mujer a través de dibujos armoniosos que el hombre realiza con el pene sobre los labios mayores de su pareja. Como una especie de pinceladas que se dan sobre un lienzo de amor y placer. La lubricación de la mujer es intensa y el orgasmo puede llegar sin esperarlo y sin necesidad de penetración. 


Frotación bajo las axilas.

Los amantes languidecen, como agotados por un calor abrasador. La mujer sujeta el miembro del hombre bajo su axila. El hombre serpentea, se desliza, se frota con sensualidad.



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